Hijos, acercaos a la luz.
El sol nunca cambia su curso. Mantiene su posición en los cielos, inmutable, brindando calor y luz a la tierra.
Lo mismo ocurre con Dios en el Cielo. Él nunca cambia ni altera Su curso, pero vosotros sí lo hacéis.
Todos necesitáis la Luz de Dios en vuestras vidas porque todos pasáis por momentos en los que sentís que estáis en tinieblas.
En esos momentos, estad seguros de que Dios, como el sol, siempre está ahí.
Cuando volvéis vuestros corazones hacia Él, Él os tomará en Sus brazos y llenará vuestras almas de luz, calor, conocimiento y guía. Porque Dios siempre está allí con vosotros.
Este es Mi mensaje: estad unidos en la Paz de vuestro Señor Jesucristo y en el Amor infinito que Mi Hijo y Su Padre sienten por vosotros.
Os bendigo en el nombre de la Santísima Trinidad.
Vuestra Madre Celestial, María, Madre de la Caridad Cristiana.